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Chocó, tierra de la lluvia

Por Christian Godoy

IMG_20151007_122754Si Támesis es la tierra del siempre volver, Chocó es la tierra de siempre llover. Es así como nos recibió la hermosa ciudad de Quibdó, una ciudad con una temperatura opuesta a la que estábamos acostumbrados: lluvia, relámpagos, calor y con tal humedad que hasta la ropa se te pega al cuerpo apenas sales del avión. En lo personal, sentir y ver todo esto en una ciudad era sencillamente fascinante.

En Guayabal las cosas fueron un poco diferentes. Está ubicada a 30 minutos en moto de Quibdó, cerca de un río donde se practica el bareque, se lava la ropa y se nada. Nos acompañó una fuerte oleada de calor, y como paisaje nos encontramos casas de madera sostenidas por tablas de al menos 1.50 m, puestas en caso de que la fuerte lluvia inundé la vereda, ya que el río solo queda a un par de metros de las casas.

Hicimos el SOLE en el PVD con una población muy especial: son 40 niños y un profesor. Viendo esto, junto con la problemática de las lluvias y las inundaciones, resolvimos con William, nuestro embajador, preguntar ¿Por qué el rio crece?, o como ellos prefieren decirlo, ¿Por qué se sorba? El SOLE tuvo momentos especiales, como el hecho de que el capitán, al dificultársele un poco el tema de la escritura, delegaba a otro para que escribiera la gran pregunta. Otro hecho para resaltar fue que mientras escribían en el buscador Google iban viendo cómo se mostraba en pantalla la forma correcta de escribir las palabras (desde la ortografía y la unión de silabas para formar palabras hasta la construcción de las frases). En la medida en que iban buscando información se veían cambios favorables en su redacción.IMG_20151007_130522

Después del SOLE tuvimos la oportunidad de conocer un poco más de la cultura y sus costumbres. Brayan, nuestro capitán SOLE, es un niño de 13 años. Va a la escuela como todos los demás, en un horario de 7 am a 12 m, y por las tardes se dedica a llevar bloques de concreto o a barequear de 7 a 8 pm (es decir, a extraer el oro del rio a través de una batea, una especie de plato redondo de madera), para después cambiarlo por dinero. Nos mostró como lo hacían y percibí que no era tarea fácil; se trata de habilidad, paciencia y ritmo.

Si me pongo a pensar, las personas somos así, como una batea; tienes que sumergirte en las experiencias de la vida, y después de mucho esfuerzo, dedicación, tiempo y tropiezos, finalmente obtienes las cosas más valiosas de la vida. Eso pretendimos acá, que el SOLE sea la piedrita añorada del conocimiento, como el oro del rio.