Aprender a aprender

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Por Juan Pablo Calderón.

Vivir la escuela en la nube es una grata experiencia. Con un click aparezco frente a un montón de pelados que están a unas horas de distancia. Podrían estar en cualquier lugar del mundo. Me encuentro frente a ellos. Me ven y los veo. Ellos se encuentran en un SOLE con una gran pregunta.

¿Los animales tienen sentimientos?

Es una gran pregunta, a la que me dan ganas de responder. No estoy acá para eso. Tampoco sé la respuesta. Es una pregunta demasiado compleja para aventurarme a dar una respuesta. Estoy jugando a ser abuela. Mi trabajo es motivar a los jovenes a aprender.

Es mi primer día de abuela por lo que debo establecer una relación con ellos, conocerlos, entenderlos, para poder jugar con ellos a SOLE.

Están en Altos de Cazuca. Ya he estado acá antes. Conozco sus condiciones. Aunque esto nunca sale a flote. Es mágico como las distancias se acortan, las brechas se cierran. Rápidamente soy uno más. Estamos jugando, conversando, viendo vídeos de animales y compartiendo un poco de nuestras vidas. Sin ningún tipo de juicio de valor. Se ve la inocencia que pronto se convierte en curiosidad.

Conversamos de sus mascotas. Algunos tienen, otros no están seguros. Todos saben lo que es un animal, pero no han visto esos animales extraños de los videos. Jugamos juntos, les gustan los stickers que puedo poner en la pantalla gigante. Y con solo hablar sobre animales siento que estamos aprendiendo.

Al final, yo sé que la respuesta no importa. No estamos buscando respuestas. Estamos buscando más preguntas, estamos aprendiendo a aprender. A trabajar en equipo, a cultivar la curiosidad, a buscar información, a juzgar las fuentes, y lo más importante a llegar a un consenso.

Los animales tienen sentimientos pero no los saben expresar fue la respuesta a la que llegamos. Me falto tiempo para hacer un gran cierre, para buscar nuevas preguntas y tal vez debatir un poco.

La pregunta sigue en mi cabeza. Pues confieso que no tengo una respuesta. Y salgo feliz, satisfecho y agotado. Con ganas de repetir, para volver a ser niño y contagiarme de asombro.